Lo informal apetece. Y también compartir platos y platillos que van depositando en el centro de la mesa y animándonos poco a poco. Pero no siempre nos basta con las croquetas, las bravas, la ensaladilla y la tortilla de patatas, aunque tampoco queramos renunciar a ellos. Hace pocos días un joven cocinero que acaba de abrir su primer negocio con sus amigos, confesaba sin arrogancia que pretenden regentar un restaurante y señalaba que es algo que suena pretencioso en unos tiempos en que los restaurantes cada vez se acercan más a los bares y los bares a los restaurantes.
Esa acertada observación ayuda a componer la panorámica de la oferta barcelonesa: proliferan las tabernas con una oferta que cualquiera esperaría encontrar en establecimientos con más aspiraciones y al mismo tiempo hay muchos restaurantes que para captar a una clientela que pide picar algo (no olvidemos que la gente quiere salir y los salarios no contribuyen) ha simplificado la carta para dirigirla a las tapas clásicas y poco más. Este último caso es una cuestión de supervivencia; el primero, probablemente tenga más que ver con el pudor ante el elevado nivel de la propuesta gastronómica de esta ciudad.
Generar expectativas asusta y hay quien se siente más cómodo bajo la denominación de ‘bar’
Generar expectativas asusta, lo reconocen los propios emprendedores, y muchos de los que abren negocios categorizados por ellos mismos como bares, para cubrirse las espaldas ante quienes esperaban más, poco a poco van enriqueciendo la propuesta a medida que adquieren confianza y fidelizan a la clientela.
Por eso cuando vemos junto al nombre del establecimiento los términos bar o taberna, o aunque no los citen asociemos a los mismos la estética del local, no podemos dar nada por sentado: puede tratarse de una casa de comidas en la que encuentres un menú del día con una relación calidad-precio tan interesante como los de L’Artesana del Poblenou (Sant Joan de Malta, 150) o de Santa Eulàlia (Aprestadora, 9, l’Hospitalet) o la Bullanga (Diputació, 437), por poner un par de ejemplos. Echando un vistazo a la barra y los depósitos de vino en las paredes de La Bodega Amposta (Amposta, 1) o a la vieja y siempre repleta Bodega Sepúlveda (Sepúlveda, 173) podríamos pensar que encontraremos una oferta de vino y cuatro cositas para comer en vez de las cartas impresionantes que permiten repetir tantas veces como queramos y disfrutar siempre.

Romina Reyes, Pau Pons y Héctor Barbero, en L’Artesana
Las máquinas tragaperras a la entrada del local y la barra animada de Ultramarinos Marín (Balmes, 181) tampoco delatan que dentro de ese espacio alargado se encuentra la interesante cocina de Borja García y su asador oculto, convertidos en uno de los establecimientos más exitosos de la ciudad. Quiso este cocinero evitar el término restaurante que, confesaba cuando abrió en 2021, le daba vértigo, mientras lo de casa de comidas no le convencía del todo y, en cambio, se sentía más cómodo hablando de bar.
Muchos restaurantes han reconducido su oferta a las tapas clásicas para bajar el ticket
Les llamen como les llamen, tabernas, bares, colmados, fondas o casas de comidas, lo que triunfa es lo sencillo con buen producto de estación y bien preparado. Y entre una oferta que sigue creciendo sin parar y en la que no se puede evitar el efecto mimético de locales con el mismo aspecto y con nombres graciosillos que es fácil acabar confundiendo entre sí, hay muchos negocios interesantes con alma, buena cocina y buen vino. Algunos, regentados por viejos conocidos de la restauración cuyos nombres se asocian a la calidad; como Quim Marquès, que abrió con su hija Paula Marquès el Santa Magdalena (Santa Magdalena, 3), desde el que reivindican la cocina popular catalana del día a día; o como Eugeni de Diego, cuyo Colmado Wilmot (Calvet, 28) llena a todas horas con su acertada propuesta; o la iniciativa más reciente de los socios de Slow&Low, el minúsculo Bar Canyí (Sepúlveda, 107) donde triunfan sus platillos, ahora también a la hora del desayuno.

Alex López Lamiel y Josep Maria Masó, en Tangana
¿Es un bar el Bar Mut, de Kim Díaz, o el Bar Omar, de Omar Díaz? ¿Lo son los estrellados Mont Bar o Teatro Kitchen Bar? Los negocios se adaptan a los tiempos y a los gustos de una clientela deseosa de comer o cenar fuera para la que no faltan excelentes opciones.