Que un piloto de MotoGP no tenga carnet de moto suena extraño. Pero, en realidad, no es un requisito indispensable. Aunque dominar una moto a más de 300 km/h en un circuito exige una habilidad sobrehumana, la normativa no obliga a estos profesionales a sacarse el carnet de conducir convencional para las dos ruedas.
Pedro Acosta, uno de los favoritos al próximo Mundial de MotoGP, es la prueba viviente de esta curiosidad. “Es una putada explicar esto. Luego vas a 320 por hora en el circuito... Tengo el de coche, pero paso de coger una moto pequeña”, confesó en La Revuelta.
Lo que parece un contrasentido cobra cierta lógica cuando se escucha su razonamiento. Después de todo, para alguien acostumbrado a la velocidad extrema y al control milimétrico, una moto de calle puede resultar torpe, incluso peligrosa. “Siempre me hago daño”, reconoció el piloto de MotoGP.
La paradoja no solo es para él. Es una norma que afecta a todos los pilotos, aunque cueste creerlo. La razón es simple: las licencias para competir no tienen nada que ver con los permisos de circulación convencionales. Pedro puede derrapar, adelantar y arriesgar en cada curva como nadie, pero si quiere ir a por el pan en moto, necesitaría aprobar el examen de la DGT como cualquier otro motorista.
Ultimátum paterno
Siempre tendrá la pesca como alternativa
Desde los cinco años ha estado subido a una moto, aunque no siempre fue fácil. “De pequeño era muy cabezón”, admitió sobre sus medidas corporales. Su padre no dudó en lanzarle un ultimátum cuando empezaba a competir a los 14 años: o ganaba o se iba con él a pescar. Así de sencillo.
Pero Pedro optó por las motos y no por las cañas de pescar aunque de vez en cuando sí se deja caer por el barco pesquero: “Hacía el papel de estar, porque ayuda poca”. Y la apuesta no le ha ido nada mal. De Mazarrón al mundo entero, ha demostrado que no se necesita un carnet para ser una leyenda en la pista. Sin embargo, fuera de ella, la ley es la ley.