Por supuestos

A veces, e incluso muy a me­nudo en estos últimos tiempos, creo que el nuestro es un país dominado por el apriorismo, en el que el razonamiento –vamos a llamarlo así– se fundamenta sistemáticamente en ideas preconcebidas y rechaza y hasta niega los hechos o la experiencia. Ya conocen la frase de Groucho Marx en Sopa de ganso : ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? O bien, si prefieren otra cita más literaria, podemos ir al prefacio que escribió Boris Vian para su L’écume des jours : “En la vida, lo esencial es formular juicios a priori sobre todas las cosas. En efecto, parece ser que las masas están equivocadas y que los individuos tienen siempre razón. Es menester guardarse de deducir de esto normas de conducta: no tienen por qué ser formuladas para ser observadas”. Fechado en mayo de 1946, este fragmento sigue siendo una burla muy seria y perfectamente válida…

Ya sabemos, y forma parte de nuestra peor reputación y de nuestra propia mala conciencia, que vivimos en una sociedad cainita y que el enfrentamiento entre los distintos está a la orden del día, pero es que se toma posición a priori y se desprecia el a fortiori escolástico (ni hablo de rectificar a posteriori), porque nada ni nadie nos va a hacer cambiar de opinión. Y no vamos a dejar que la realidad nos arruine un eslogan o un titular.

Sánchez parece empeñado en acabar la legislatura; Illa y Collboni gobiernan pensando a largo plazo

Estamos, en fin, en el tiempo de los por supuesto. Y se dan por supuestas las más peregrinas opiniones y versiones. ¡Que me demuestren que la Tierra es redonda, si yo siempre la he visto plana!

No es, ni mucho menos, un fenómeno puramente español, pero aquí, cosas de nuestra herencia y condición, se dan por supuestas demasiadas cosas. Y la maldad siempre es del otro. Y no vayamos a tener la pretensión, desde Catalunya, de que todo esto del apriorismo y los por supuestos no nos atañe, porque qué les voy a contar de cómo estamos y seguimos desde hace más de una década larga de pertinaz erre que erre y cada cual en su castillo, incluso si ahora resulta evidente el frío y da pereza salir a la intemperie.

SAN FERNANDO DE HENARES (MADRID) 06/02/2025.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez interviene durante la clausura el acto de presentación de la Estrategia Nacional de Alimentación, uno de sus compromisos de legislatura que ya pasó por el Consejo de Ministros, en San Fernando de Henares (Madrid). EFE/ Chema Moya

 

Chema Moya / EFE

Curiosamente, o tal vez no tanto, este tiempo de los por supuestos coincide con la negociación de los presupuestos. Los presupuestos generales del Estado, está claro, pero también los de la Generalitat y los del Ayuntamiento de Barcelona. Con el aderezo inevitable de la permanente pugna entre Junts y Esquerra y las dudas no sé si hamletianas de Podemos. ¡Un cuadro!

Olvidémonos de cualquier posible entendimiento entre populares y socialistas en beneficio del reino y sus habitantes, pues los puentes están dinamitados y el esperpento de la votación del PP con freno y marcha atrás –ahora no, ahora sí y no me importa que se note que solo hay táctica y nada de estrategia– ha sido antológico, con el daño autoinfligido de parecer que los pensionistas, muchos de ellos votantes cautivos, importaban poco menos que una higa.

Como la nave va, es decir, la economía funciona y crece el consumo, no parece demasiado grave prorrogar presupuestos y acudir a créditos que permitan que el barco prolongue su rumbo. Pero sigue siendo una anomalía y un riesgo.

El presidente Sánchez parece empeñado en acabar la legislatura, mientras el president Illa y el alcalde Collboni, todos en minoría, se diría que gobiernan pensando ya en más años de los que tienen por delante sin elecciones. Y no lo veo mal. Al contrario, creo que estoy muy a favor de poner las luces largas y hacer planes a medio y largo plazo. Pero hay demasiados porsupuestos y siacasos en este camino incierto y sin estabilidad presupuestaria. Cualquier imprevisto, cualquier accidente, puede desbaratar un momento en el que el Gobierno central, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona tienen un mismo color político.

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Precisamente por eso mismo, por esta oportunidad para pensar a largo plazo y buscar acuerdos, es por lo que habría que hacerlo sin apriorismos. Porque además el PSC debería tener memoria de que ya lo gobernó todo y lo perdió todo. Y aunque sea un lugar común repetir que el mapa electoral está muy solidificado y hasta petrificado, lo cierto es que crecen, en sus sombras respectivas, tanto Vox como Aliança Catalana, así que nada se puede dar por supuesto.

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