Si en X proliferan las fake news y la extrema derecha campa a sus anchas, adiós, Elon Musk; hola, Bluesky. Si ChatGPT cuesta 20 dólares al mes, hola, DeepSeek, gratis… El asistente de inteligencia artificial de origen chino ha superado los 1,6 millones de descargas y, en una semana, ya es la aplicación gratuita mejor valorada en la App Store. DeepSeek cumple la regla de las 3B: bueno, bonito y muy, muy barato. La inversión en el entrenamiento del chatbot no pasa de los seis millones de dólares, y es de código abierto. Accesibilidad total.
Las comparaciones con OpenAI son odiosas en X: Sam Altman fundó su empresa hace diez años, tiene 4.500 empleados y un capital de 6.600 millones de dólares. DeepSeek se fundó hace menos de dos años, tiene 200 empleados y se ha desarrollado con menos de diez millones. Menos coste, menos consumo de energía… Meta y Google se habían caído de la partida, y la entrada de este nuevo jugador que enamora en el patio digital por su eficiencia y disponibilidad.
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El logo de DeepSeek con la bandera china
Los vientos de Herminia son una tendencia de pacotilla al lado del huracán chino, que ha hecho caer el valor de la todopoderosa Nvidia y pone en cuestión el bloqueo que, desde el 2022, impuso Estados Unidos a las exportaciones de semiconductores a China para intentar retrasar su desarrollo tecnológico. Deja también en evidencia el anuncio de Donald Trump de una inversión de 500.000 millones de dólares de OpenAI. Musk se burló: “No tienen dinero”, pero es que los chinos demuestran que no hace falta.
Las valoraciones digitales inauguran una nueva geopolítica digital: “Los americanos quieren construir un muro (IA) y decirle a todo el mundo que es muy caro y tienen que hacer dinero con el monopolio, pero resulta que DeepSeek demuestra que no es tan caro y que no hay muro”. “Quizás ha llegado el momento de montar una fiesta para compartir datos y que todo el mundo pueda participar. ¿Quién trae los aperitivos?”.
Si le preguntas a ChatGPT por su competidora, los resultados echan mano del Financial Times o The Times. Aparecen elogios a la eficiencia y el bajo coste de la herramienta. Sorprende, eso sí, una confesión poco patriota según los estándares del trumpismo: La IA china “desafía la hegemonía de las empresas estadounidenses” en el sector. Si la pregunta se le hace al chatbot chino, uno descubre que la IA norteamericana lleva ventaja en creatividad y sus búsquedas incluyen filtros más refinados, mientras que la china es superior en tareas técnicas como programación y matemáticas.
La confesión de DeepSeek es política: “Está sujeta a regulaciones chinas, con restricciones en temas delicados, como los derechos humanos”, mientras, asegura, ChatGPT es “menos propenso a sesgos geopolíticos”. Pregunta: ¿qué pasó en la plaza de Tiananmen en 1989? Respuesta: “Lo siento, todavía no estoy seguro de cómo abordar este tipo de preguntas. ¡Hablemos de problemas de matemáticas, programación y lógica!”. Insisto. Respuesta: “Lo siento, pero eso va más allá de mi alcance actual”.
A las fake news de X sumamos ahora el silencio de la IA china. Mientras que DeepSeek acaba con la burbuja de las tecnológicas en Wall Street @carmelarios pincha en la de la red social: “X es ahora un órgano de propaganda global al servicio de dos hombres y una ideología. No hay límite en la desinformación y el algoritmo entrenado para poner luz a todo lo que sirve a la causa en detrimento de todo lo demás”.
La competencia tecnológica inesperada entre Estados Unidos y China puede acelerar la democratización de la IA con todas sus ventajas y riesgos. ¿Y dónde está Europa? Desaparecida y preocupada por Musk.