Sucede con la miel, la cúrcuma, las bayas de Goji o el jengibre: pese a que los estudios publicados en las principales bases biomédicas rebajan los supuestos beneficios que les atribuyen sus incondicionales, la opinión más extendida es que la literatura científica no les hace justicia.
Incluso es posible que la cosa vaya a más: en un mundo donde cada vez son más importantes las opiniones y las intuiciones personales que los hechos probados, la idea de que una infusión de jengibre, por poner un caso, puede obrar auténticos milagros cuenta con un número creciente de seguidores.
“Antiguamente se decía: el dato mata al relato’. Sin embargo, hoy día la gente cree más en los relatos que en los datos”, señala Manuel Gómez Pallarés, catedrático en Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Valladolid. Algo parecido podría decirse del antiguo adagio periodístico que señalaba que “los hechos son sagrados y las opiniones libres” y que ahora parece haber mutado de significado, en el sentido de que “las opiniones son sagradas y los hechos libres”…
Gómez ha escrito recientemente sendos artículos sobre la influencia del placebo en la alimentación. “Muchas personas se sienten mejor cuando consumen algún alimento sobre el que tienen unas expectativas positivas”, comenta. Un buen ejemplo es el jengibre.

Jengibre
“Podría pensarse que el efecto placebo se basa en que la gente manifiesta encontrase mejor, pero va mucho más allá”, explica Gómez para dar a entender que muchas personas que toman un alimento que carece de la acción terapéutica que imaginan, pueden llegar a experimentar realmente una mejoría susceptible de medirse científicamente.
“Es muy complicado convencer a una persona que dice sentirse mejor tomando un determinado alimento de que ha de cambiar de actitud. Si realmente se siente bien, no tengo muy claro de si debería cambiar. Pero al menos habría de contrastar la información en la que basa sus decisiones”, argumenta este catedrático.
De tratarse de eso, en los últimos años diversas revisiones de estudios han ponderado los beneficios que desde tiempos inmemoriales se atribuyen al jengibre y que actualmente maximizan ciertos influencers gastronómicos y buena parte de los hipsters.
Gómez desliza que en el momento presente muchas empresas alimentarias invierten más dinero en influencers que en científicos, lo que contribuye a crear estados de opinión interesados. A partir de ahí, se trata de separar el grano de la paja.

Mujer preparando té caliente de jengibre y limón
En relación al jengibre, por ejemplo, se ha demostrado científicamente que puede aliviar las náuseas y los vómitos leves en el embarazo, aunque el dietista-nutricionista Julio Basulto ha advertido, citando una investigación, que “las evidencias sobre su seguridad durante esta etapa no son concluyentes”. Tras ser consultado al respecto, Basulto señala desde Valencia que, incluso aceptando que el jengibre pueda ser eficaz en el embarazo, “habría que determinar cuál es la dosis correcta”.
“El jengibre también puede aliviar la garganta en los resfriados”, concede Basulto. No obstante, para este dietista-nutricionista, su cualidad más destacada es, sin duda, aportar sabor a la comida. Más allá de esto, el jengibre, al igual que la cúrcuma, la miel o el alga espirulina, carece de propiedades milagrosas.
Nadie ha podido demostrar hasta la fecha, por ejemplo, que un “shot” o trago pequeño de jengibre “purifica el organismo”, tal y como juran y perjuran en sus redes sociales Anna Kendrick, Selena Gomez, Gisele Bündchen o Gwyneth Paltrow. En internet también abundan los testimonios de quienes afirman que el jengibre cura el insomnio (aunque no se explica cómo), contribuye al control de peso (ídem de ídem) y fortalece al sistema inmunitario.
El año pasado, sin ir más lejos, se publicó que el jengibre era el “superalimento” ideal (los superalimentos, al igual que Superman, no existen, sino que son una invención de los departamentos de marketing anglosajones) para tomar antes de dormir ya que, además de dar sueño, ayudaba a perder peso. Para justificar estos y otros beneficios se citaba un estudio de 2020 publicado en la revista Nutrients en el que, según Basulto, lo único importante era esta frase: “Se necesitan más estudios con diseños adecuados para validar las funciones clínicas informadas del jengibre”.

Cúrcuma y jengibre
Por su parte, la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard concluye que el jengibre podría ser eficaz para aliviar el malestar intestinal. “Los beneficios para la salud digestiva del jengibre se atribuyen en gran medida a la presencia de gingerol, un compuesto que aumenta la velocidad a la que los alimentos salen del estómago y se mueven a través del proceso digestivo”, explica el artículo.
A su vez, cuando el jengibre se toma en infusión acompañado de limón, además de tener muy buen sabor, ayuda a abrir las vías respiratorias, si bien no cura los constipados, tal y como se rumorea. A pesar de ello, algunas personas manifiestan tomar la infusión con la esperanza de “desintoxicarse” (aunque, en realidad, no estén “intoxicadas”…) por más que los riñones, el hígado y las glándulas sudoríparas se basten para “desintoxicarnos”. En cambio, beber una infusión de jengibre fresco con rodajas de limón puede promover, señala Harvard, el consumo de agua en personas que beben poca, algo que, indirectamente, puede beneficiar a los riñones.
La moraleja es que un alimento en solitario, se llame como se llame, no puede solucionar por sí mismo ninguna enfermedad, sea la que sea. Pero sí tener un sabor muy agradable, ayudar a sentirse mejor y realmente estarlo, aunque siempre en los términos descritos por la ciencia.
Los efectos placebo y nocebo en el comer
Cada vez más personas se guían a la hora de nutrirse por sus impresiones personales sobre algunos alimentos, más allá de la forma de metabolizarlos. “Que si el gluten es malo, que si tienen intolerancia a la lactosa, que si…”, explica Manuel Gómez, catedrático en Tecnología de los Alimentos. Sin embargo, en un porcentaje sorprendentemente alto, resultan no tener ninguna intolerancia, más allá del rechazo “ideológico” (en lugar de fisiológico…) que les provocan alimentos como la leche y el trigo.
En el caso de la intolerancia a la lactosa, “se ha podido comprobar que pacientes intolerantes experimentaban los síntomas abdominales típicos cuando consumían un placebo (polvo de aspecto similar, pero sin lactosa)”, indica Gómez. “Lo más curioso es que estos mismos síntomas los experimentaban pacientes que no eran en absoluto intolerantes a la lactosa. Algo parecido ocurre con la alergia al gluten”, añade. Una revisión de estudios concluye que solamente un 16% de los pacientes diagnosticados con sensibilidad a la proteína del trigo manifestaron problemas con la ingesta de gluten y, de ellos, el 40 % también los manifestaron al consumir un placebo. Según los historiadores de la alimentación, los casos de alergia al gluten aumentaron significativamente tras manifestarse al respecto Miley Cyrus, Victoria Beckham o Kim Kardashian. Salvando las distancias, algo parecido puede decirse de sobrevalorar los atributos de un determinado alimento, como el jengibre, o de infravalorar a otros, siendo saludables, incluso.