Junts y el relato sobre Aliança Catalana

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Ni Junts ni el PSC tenían clara una moción de censura contra Orriols que lo único que conseguía era favorecer su victimismo, pero el debate entre los de Puigdemont sobre qué hacer con AC acaba de empezar

La portavoz del Grupo Mixto en el Parlamento de Cataluña y presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, interviene durante un debate de Política General en el Parlament de Catalunya, a 9 de octubre de 2024, en Barcelona, Catalunya (España). Este miércoles continúa en el Parlament de Catalunya el Pleno en el que el presidente de la Generalitat, presenta las líneas generales de la política de su Govern para los próximos años reivindicando los acuerdos firmados con ERC y los comunes.

Silvia Orriols, lider de Aliança Catalana, en el Parlament. 

David Zorrakino / Europa Press

La política se ha convertido en una fábrica de relatos. Tanto la izquierda como la derecha o los nacionalismos de distinto signo construyen un lenguaje propio con el que combatir en el ágora de hoy, sean los medios de comunicación o las redes sociales. En los últimos años el relato que emerge con fuerza es el de la extrema derecha y los partidos conservadores tradicionales aún no han logrado construir su propia narrativa para defenderse de esa especie de agujero negro que parece succionar todo a su alrededor con la aceleración que caracteriza nuestro tiempo. Le ha pasado al PP con Vox, pero le ocurre también a Junts con Aliança Catalana.

Catalunya ya vivió la emergencia de una formación xenófoba y antiinmigración.  En 2001, Josep Anglada fundó Plataforma per Catalunya. Entonces sorprendía su lenguaje populista, que hoy está por todas partes. “Primer els de casa”, fue uno de sus primeros eslóganes. Cuántas veces se ha repetido después… Una supuesta invasión de inmigrantes musulmanes ya era el eje de su relato. El momento álgido de PxC fueron unas municipales, las de 2011. Lograron 67 concejales en diferentes poblaciones. Se quedaron a solo 75.000 votos de entrar en el Parlament.

Aliança Catalana se propulsó con la frustración independentista, pero hoy crece con el discurso antiinmigración

Plataforma per Catalunya surgió en Vic, localidad de fuerte raigambre nacionalista catalana, conservadora y con un nivel de vida notable, con presencia de inmigración atraída por el trabajo que proporciona la industria alimentaria. En algunos barrios la población inmigrada alcanza casi la mitad, sobre todo procedentes de Marruecos. Fue el tercer municipio que se adhirió a la proclamación de “territori català independent” en 2012. A diferencia de Vox, el partido de Anglada era una formación de ultraderecha catalana, no independentista, pero sí autonomista.

Vox irrumpió con fuerza en Catalunya como reacción a la explosión del proceso independentista. Aun así, en 2019, cuando todavía resonaban los ecos del intento de secesión de 2017 y de las posteriores algaradas callejeras contra la sentencia que condenó a los líderes del procés, Vox solo logró tres concejales en Salt, otra población de la Catalunya tradicionalmente considerada nacionalista catalana con un fuerte componente de inmigración. Fue en 2023 cuando Vox creció hasta los 124 concejales en Catalunya, sobre todo en la corona barcelonesa, desde L’Hospitalet de Llobregat, a Terrassa o Santa Coloma de Gramenet. Poblaciones que pertenecieron en el pasado al llamado cinturón rojo, de fuerte inmigración española que en los últimos años han dado paso a bastante población extranjera.

Era cuestión de tiempo (y de estos tiempos) que eclosionara un partido de extrema derecha netamente independentista como el de Sílvia Orriols. Al principio provocó sorpresa, puesto que durante el procés la antigua Convergència y después Junts habían mantenido posiciones escoradas hacia el centro izquierda para hacer posible la alianza con el resto de partidos independentistas, como ERC y la CUP. Si Vox arrancó con el combustible del procés, engordó gracias al discurso que vincula inmigración e inseguridad. De igual forma, Aliança Catalana se propulsó a partir de la frustración independentista por el desenlace del procés y la decepción e irritación de muchos votantes que se sintieron estafados por unos líderes que prometieron la secesión por la vía fácil, pero hoy se beneficia en buena parte de los discursos comunes a la extrema derecha mundial: inmigración, inseguridad, islamofobia, identidad en peligro.

A Junts le preocupa victimizar a Orriols, pero también que le acusen de connivencia con la extrema derecha

En este contexto, cunde la preocupación en Junts, la principal formación afectada (aunque no la única) por el avance de AC. La decisión del partido de Carles Puigdemont de echarse atrás en la moción de censura para desbancar a Orriols de la alcaldía de Ripoll refleja esa inquietud y la falta de una fórmula para afrontar el nuevo fenómeno, algo que, por otra parte, afecta a más formaciones conservadoras. Junts ha percibido que echar a la alcaldesa solo podía convertirla en una víctima y darle alas.

En efecto, la victimización es uno de los ejes discursivos tradicionales del populismo y de los más efectivos. Curiosamente, el discurso victimista fue clave durante el procés, más allá de que en algunas cuestiones las quejas frente al Gobierno central estuvieran justificadas. Pero la construcción de una narrativa basada en el victimismo podría ser utilizada por AC de forma muy rentable. Ya suele presentarse en las redes sociales como la formación a la que todos quieren silenciar. Asumir además la alcaldía por parte de otro partido a mitad de mandato solo podía llevar a la frustración, puesto que un nuevo gobierno municipal difícilmente podría presentar resultados tangibles para los ciudadanos en tan poco tiempo.

El temor a ser identificados como cómplices de la extrema derecha ha pesado hasta ahora en el ánimo de los dirigentes de Junts. De hecho, en el caso de Ripoll les preocupaba que el PSC les situara como aliados de AC. Tampoco el presidente de la Generalitat tenía clara la conveniencia de la moción de censura contra Orriols en la que el PSC iba a ser partícipe. Las vías de comunicación discretas entre Illa y Junts en este caso han sido fluidas. Precisamente, Orriols acusa a los postconvergentes de entablar alianzas con los socialistas, motivo por el cual ella los considera poco menos que traidores a la patria.

Junts tiene que decidir qué tipo de relación mantiene con AC. En la misma entrevista de ayer, Orriols metía el dedo en la llaga al aceptar que su partido puede llegar a acuerdos con Junts en algunas localidades después de las elecciones municipales, de aquí a dos años. Los de Puigdemont son conscientes de que solo con el apoyo de esa formación podrán conservar algunas alcaldías, así que el concepto de cordón sanitario al que se habían adherido hasta ahora empieza a resquebrajarse, siguiendo la estela de otros partidos conservadores en Europa. De hecho, en el contexto internacional actual cada vez más voces políticas identifican el cordón sanitario como parte de un relato construido en interés de la izquierda para mantener cuotas de poder institucional y para crear su propio discurso.

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Pero ni siquiera el PP, que hace más tiempo que ha entablado acuerdos con Vox, ha conseguido desprenderse del estigma que eso comporta para muchos votantes. Junts aún lo tiene más difícil. De ahí que algunos dirigentes del partido consideren que es hora de empezar ya a afrontar el viraje, aunque encontrar el relato para justificarlo sea complicado.

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