Bob Woodward tituló el libro sobre el actual presidente de Estados Unidos, escrito durante el anterior mandato, con una sola palabra: Miedo. El subtítulo era más explicativo: Trump en la Casa Blanca. El comandante en jefe está convencido de que el poder real es el miedo. De hecho, se trata de su herramienta favorita, que le permite intimidar a sus opositores, frenar a los críticos y hacer tragar saliva a sus aliados. Su intención es que estos se rindan, se dobleguen o se amilanen. Así construyó su imperio inmobiliario, cuya historia está llena de demandas judiciales, amenazas contra socios y competidores e incluso venganzas implacables. De la misma manera pretende gobernar el mundo en los próximos cuatro años.

Cada día pone sobre la mesa una nueva amenaza, cuando no es México por la inmigración y Canadà por el fentanilo es China por su penetración comercial; cuando no es Dinamarca por Groenlandia o Panamá por el canal, es la Unión Europea porque cree que ha maltratado a Estados Unidos. Y a Venezuela le ha faltado tiempo para recibir al asesor de Trump y entregarle seis presos estadounidenses sin que tuviera ni que pedírselo.
El miedo es la herramienta favorita de Trump para doblegar a socios y opositores
En el anterior mandato, el miedo a tantas amenazas hizo que en los primeros dos meses en la Casa Blanca, el principal asesor económico de Trump, Gary Cohn, y el secretario de su gabinete, Rob Porter, le escondieran documentos del escritorio del presidente para evitar que los firmara y Estados Unidos se retirara del Tratado de Comercio de América del Norte y o eliminara el acuerdo comercial con Corea del Sur. Ambos fueron despedidos, pero se lo contaron a Woodward para su libro.
Trump no cree en los liderazgos empáticos, prefiere actuar como un matón sin escrúpulos. El miedo es un arma para negociar, pero a menudo resulta un mecanismo demasiado peligroso. El presidente estadounidense quiere que nadie esté seguro de contar con su favor. Exige lealtad individual y permanente a países y personas. Pero si el mundo se pone de rodillas, alentará futuros abusos, pero además socavará su propia credibilidad. El miedo es un esquema adaptativo y un modo de supervivencia, pero plantarle cara es el mejor mecanismo de defensa.