Lohengrin de R. Wagner ★★★✩✩
Intérpretes: Klaus Florian Vogt, Elisabeth Teige, Miina-Liisa Värelä, Ólafur Sigurdarson... Orquestra i Cor del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Josep Pons. Dir. Coro. P. Assante. Dirección escénica: Katharina Wagner. Lugar y fecha: Liceu. Nueva producción (17/III/2025)
Un gran buh general cuando salió Katharina Wagner a recibir los aplausos al final del estreno de la nueva producción de Lohengrin , coronó una noche histórica para el Liceu. Histórica porque este nuevo estreno, con la firma de la bisnieta de Wagner y el sello del Liceu como único productor, reafirma la Barcelona wagneriana, el vínculo Bayreuth-Barcelona y, como en los grandes estrenos de la Verde Colina, con polémica previa y sonoros abucheos al final de la ópera para la regista. Pura adrenalina wagneriana cien por cien.
Fue la noche del coro del Liceu. Las fuerzas estables corales en esta ópera son un personaje más. Con una escritura exigente, larga y presente durante los tres actos, Pablo Assante ha reafirmado la mejoría general del coro, que ya protagonizó con nota el Réquiem de Mozart, versión Castellucci.
A pesar de sus contradicciones con el libreto, la lectura de Katharina Wagner funciona en lo dramático y lo musical
Desde el foso, las riendas musicales del maestro Pons, que siempre responde con énfasis en sus lecturas wagnerianas, tuvo un resultado irregular. Si en el primer acto, el exceso de sonidos en forte eclipsó la magia del Caballero del Grial, en el segundo los melismas cromáticos de una mórbida orquestación resultaron más densos y creíbles. Gracias en parte a una sección grave de viento-metal muy llamativa. En el tercero, un fraseo parco en la expresión deslució un finale, en que el éxtasis orquestal no llegó a la catarsis deseada.

Una escenografía esquemática pero efectiva y un vestuario escueto envolvieron una producción que no dejará indiferente a nadie
En un reparto desequilibrado, lució todavía el Lohengrin de voz blanquecina y etérea de Klaus Florian Vogt. De emisión notable, y un sabio uso de su reconocido canto áulico, sorprende todavía su facilidad con el rol y su adecuación dramática.
La soprano noruega Elisabeth Teige, debut en Barcelona, firmó un rol de Elsa de convincente acting vocal y escénico. Es cierto que cuesta acostumbrase a un vibrato característico que incide en momentos de afinación dudosa y sonidos fijos y metálicos, pero el instrumento es notorio y el canto siempre presente.
La soprano finlandesa Miina-Liisa Värelä fue la intérprete más aplaudida para un rol espectacular como el de Ortrud que ella domina desde una emisión poderosa, un registro redondo y un estilo impecable. A su lado el Telramund del barítono islandés Olafur Sigurdarson, sonó tosco y árido, en una interpretación adecuada para un rol vocal que destaca en voces abruptas como la suya.

La soprano finlandesa Miina-Liisa Värelä fue la intérprete más aplaudida para un rol espectacular como el de Ortrud
De sonidos calantes, fijos y destimbrados, el Rey Heinrich de Günther Groissböck, que mostró un estado vocal muy mermado de un especialista wagneriano habitual en Bayreuth. Igualmente sonó avejentado y con una emisión dura el eminente barítono alemán Roman Trekel, en un tardío debut liceísta como Heraldo del Rey. Corrección y profesionalidad en los caballeros: Jorge Rodríguez-Norton, Gerardo López, Guillem Batllori y Toni Marsol.
La lectura de Katharina Wagner sobre el libreto y música de su bisabuelo es un negativo dramático del Lohengrin héroe y salvador. Un antilohengrin ávido de poder, utilitarista y maltratador, que abusa de Elsa, engaña al pueblo de Brabante y controla a un rey marioneta. El cisne negro, testigo y símbolo del vacío espiritual del protagonista, comparte con su antihéroe un final trágico, donde no existen ni la esperanza ni la salvación.
Una lectura que, a pesar de sus contradicciones con el libreto, funciona a nivel dramático y musical, en un estilo Regietheater que Katharina controla y sabe dosificar con arbitraria inteligencia y efectividad.
La oscura iluminación, muy efectista en los momentos de concertante, una escenografía esquemática pero efectiva y un vestuario escueto envolvieron una producción que no dejará indiferente a nadie.