The Mandalorian hizo creer a Disney que la producción de series de Star Wars era un filón extraordinario para su plataforma de contenidos. La serie con Pedro Pascal tenía enamorados a los nostálgicos, se calculaba que era un fenómeno de audiencia, incluso se colaba en los premios Emmy y el llamado Baby Yoda era el juguete de moda. Era un win-win para Lucasfilm.
Con la llegada de otras series ambientadas en el universo de ficción de George Lucas, la marca se desgastó, ya fuera por la pésima calidad de algunas de las propuestas (Obi-Wan Kenobi y Boba Fett, os miramos a vosotros) como por las dificultades para ser relevantes (aquí entra, por ejemplo, la simpática Tripulación Perdida que podría haber tenido más suerte). Se rumorea que en Disney se están replanteando cómo se aproximan a la franquicia después de los últimos resultados.
Sin embargo, incluso asumiendo que ha habido más fracasos creativos y/o comerciales que éxitos, todos deberíamos estar de acuerdo en un punto: Andor, el spin-off y precuela de Rogue One, es una muy buena serie. Con el estreno de la segunda temporada, a la vuelta de la esquina (y con un tráiler para abrir boca), es hora de asegurarse que no queda ni un espectador sin verla, sobre todo asustado ante la irregularidad de las ramificaciones de Star Wars.
La primera temporada, emitida en 2022, fue de lo mejor de esa hornada televisiva con Diego Luna como Cassian Andor, un delincuente de poca monta que se convierte en uno de los líderes de la resistencia. En el plano global del universo, Cassian es el hombre que conseguía robar los planos de la Estrella de la Muerte, una misión fundamental para la historia que vimos en la trilogía original.

¡Vive la resistance!
Reconozco que, en el momento del estreno, era un escéptico. La mentalidad de Lucasfilm y Disney de rellenar huecos de la historia de Star Wars me tenía hasta la coronilla. ¿Por qué no buscaban nuevas historias que contar en un universo tan original como el de George Lucas? Pero Tony Gilroy, que había escrito el guion de Rogue One, entendió dos elementos primordiales: qué quería contar más allá del engranaje comercial y completista de Lucasfilm y en qué medio estaba contando la historia.
Así, con la ayuda de su hermano Dan, escribió una primera temporada estructurada en múltiples tramos con sus propios cierres de tramas, que le permitían tener múltiples clímax. Mostró cómo la clase trabajadora de esa galaxia muy, muy lejana era víctima del Imperio Galáctico. Se acercó a un tema hasta entonces no tratado en Star Wars mediante el personaje de Stellan Skarsgard: el coste económico y en vidas humanas de crear un movimiento de resistencia. Sí, combatir el fascismo no es un camino de rosas utópico y fantástico, donde no hay víctimas colaterales.

Qué maravilla que se critique el alto funcionariado a través del personaje de Deedra Meero (Denise Gough), la más eficiente del imperio.
Incluso se atrevió a criticar el funcionamiento de una gran administración, sea dictatorial o no, a partir de Dedra Meero, el personaje interpretado por Denise Gough, una supervisora más que válida con problemas para destacar en un engranaje funcionarial. Y, con estos temas de fondo, ofreció arcos impolutos, especialmente el que tenía que ver con un campo de concentración con Andy Serkis como actor invitado (y por el que no estuvo nominado al Emmy de forma muy injusta).
Con el 23 de abril a menos de dos meses, los desencantados de Star Wars que no hayan visto este thriller adulto tienen deberes. La primera temporada de Andor son doce episodios y la segunda serán otros doce, que se emitirán durante cuatro semanas en bloques de tres entregas. Es la buena-buena, amigos. ¿Significa esto que el presupuesto de 645 millones de dólares está amortizado con su paso por el streaming? Este es otro tema que no tiene nada que ver con su calidad.