Todo para Booking

El arte de viajar ha cambiado completamente. Ahora vivimos bajo el yugo implacable de Booking.com, el emperador absoluto del alojamiento global. Un dios todopoderoso, hambriento de comisiones y bendecido por la desidia colectiva. Nadie busca ya hoteles en Google. Nadie llama directamente. Todos, como borregos con tarjeta de crédito en mano, nos dejamos guiar al redil de Booking, donde, con un clic, compramos no solo la habitación, sino también una buena dosis de explotación corporativa. Su estrategia es tan magistralmente desleal que debería enseñarse en escuelas de negocios. Operando desde Irlanda, Booking evita pagar impuestos que sí nos crujen a los demás. Este truquito les permite embolsarse otro 10% que ni tú, ni yo, ni el pobre hotel podemos desgravar. Así que, en realidad, se llevan más del 27% de lo que pagas por noche. Más de una cuarta parte de tu dinero desaparece en las arcas de un gigante digital que no limpia habitaciones, no cambia sábanas, ni deja un mísero chocolatito en la almohada.

Miguel Chordi

L’Escala

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