El abandono escolar prematuro sigue siendo en Catalunya un problema preocupante. Según datos del Idescat, la tasa se situó en el 14% en 2023, una mejora significativa respecto al año anterior, pero aún por encima de la media española (13,6%) y lejos del objetivo europeo del 10%. Este fenómeno refleja un problema estructural que afecta especialmente a chicos provenientes de familias con niveles educativos bajos y recursos económicos limitados.
Un análisis más detallado de las transiciones educativas revela aspectos específicos del abandono. Uno de cada diez jóvenes no logra pasar de la educación obligatoria (ESO) a los estudios postobligatorios, ya sea bachillerato o ciclos formativos de grado medio. Entre quienes inician el bachillerato, uno de cada cuatro no llega a completarlo, lo que muestra dificultades en esta etapa académica. Los ciclos formativos de grado medio presentan aún mayores tasas de abandono: cuatro de cada diez estudiantes dejan estos estudios antes de finalizarlos.
Aunque el abandono escolar prematuro ha disminuido considerablemente en las últimas dos décadas (del 32% al 14%), sigue teniendo graves consecuencias para el futuro de los jóvenes. Sin un título de educación postobligatoria, se enfrentan a mayores dificultades para acceder a empleos estables, con salarios precarios que pueden ser hasta la mitad de los de quienes completan su formación.
El abandono escolar prematuro ha disminuido considerablemente en las últimas dos décadas (del 32% al 14%)
Este fenómeno no depende exclusivamente del esfuerzo individual del estudiante. Factores como la falta de recursos, de una buena orientación y de un acompañamiento personalizado en momentos clave de su formación contribuyen a que muchos jóvenes decidan abandonar el sistema educativo. Es crucial intensificar los esfuerzos para proporcionar apoyo adecuado, ya que con el respaldo correcto, muchos podrían superar las barreras con las que se encuentran y alcanzar su máximo potencial.
Iniciativas como Plataforma Cero Abandono o el programa Mentora, de la Fundació Bofill; los programas de orientación laboral integral de Fundación Exit o el proyecto Ending, financiado por la Unión Europea a través del programa Erasmus+, buscan ofrecer este acompañamiento, ayudar a los jóvenes en riesgo de abandono a continuar sus estudios más allá de la ESO e incluso a graduarse en la educación postobligatoria. Estos programas son esenciales para abordar un problema complejo que exige soluciones integrales y coordinadas.

Ramon y Kilian en uno de sus encuentros
Una relación que florece gracias a la mentoría
En Deltebre, Ramon y Kilian son más que una pareja de mentoría: son un ejemplo del impacto positivo que pueden tener este tipo de iniciativas. Kilian, estudiante de 4º de ESO, conoció a Ramon en enero de 2024, cuando el equipo de Acción Comunitaria del Consell Comarcal del Baix Ebre los unió en el programa Mentora, un proyecto impulsado por la Fundació Bofill e implementado en diferentes localidades de Catalunya para fomentar la continuidad educativa.
Desde entonces, sus encuentros semanales han tejido una relación de confianza y aprendizaje mutuo. Paseos junto al río, conversaciones sobre el día a día en el instituto y planes para el futuro son algunos de los momentos compartidos que han marcado su experiencia. Kilian, que al principio se sentía reticente, reconoce que la relación ha sido transformadora: “Al principio pensé que me costaría mucho más, pero ahora expresarme me resulta más fácil. Si quiero decirle algo a Ramon, lo hago directamente”, comenta.
Ramon, por su parte, destaca la naturalidad con la que han conectado. “Quedamos cada semana y lo que más nos gusta es pasear y charlar. Kilian es una pasada, es muy abierto, y la relación ha sido muy sencilla desde el principio”.
Ambos coinciden en que el programa ha ayudado a Kilian a ganar confianza y definir su camino académico, pero también ha sido una experiencia enriquecedora para Ramon: “Lo que más me ha gustado ha sido compartir y aprender juntos. Es algo que recomendaría vivir a cualquiera que tenga la oportunidad”, asegura.
Este curso, Kilian también cuenta con el acompañamiento de Ramon como su mentor, lo que permite consolidar un vínculo que va más allá del aprendizaje académico. Para Kilian, esta experiencia ha sido un descubrimiento. “Es algo que deberías probar si te lo ofrecen. Al principio puede sonar raro, pero es bueno para ambas partes, tanto para el mentor como para el joven”, asegura.
El programa Mentora demuestra que, con tiempo y dedicación, las personas pueden florecer. Como bien resume Ramon: “Se trata de abrir la mente, debatir y aprender juntos. Al final, la experiencia es mucho más bonita de lo que imaginé”.