El heredero

'Penínsulas'

Los precios de la vivienda y las herencias salen a bailar, riéndose de los salarios

El zarevitch Alekséi Nikoláyevich Románov, último heredero del imperio ruso

El zarevitch Alekséi Nikoláyevich Románov, último heredero del imperio ruso 

Dominio público

Golpe de fortuna o desgracia. Alegría o amargura. Agradecimiento o reproche. Ambiciones colmadas, discusiones interminables, enfados e incluso crímenes. Pleitos inacabables, pero también un motivo para cultivar el respeto a los mayores. Sentimientos e intereses. La espera de las últimas voluntades. ¿Habrá cambiado el testamento? Una vez en Italia leí la siguiente noticia en un diario local. “Hombre de 92 años se casa con la cuidadora. Los hijos acuden a la Policía”. La herencia es una de las fuerzas que mueven el mundo. En los periódicos cada vez se publican más artículos sobre la creciente importancia económica y social de las herencias. Regresamos a finales del siglo XIX. Se oyen los crujidos de nuestra época.

El valor de las herencias ya supone el 10% del PIB en las economías occidentales más avanzadas, señalaba un reciente informe del semanario The Economist. El artículo, publicado en La Vanguardia, advertía sobre la pujanza de un nuevo estrato social: la heredocracia. Las herencias y el encarecimiento de la vivienda han salido a bailar de noche en las grandes ciudades, riéndose de los salarios. Las herencias inmobiliarias ya superan el 3% del PIB español, según un estudio publicado por elDiario.es con datos de los Registradores de la Propiedad en 2021. No hay mucha estadística al respecto, pero los autores del reportaje, Daniel Yebra y Raúl Sánchez, sostienen que el peso de las herencias en la economía española no había sido tan grande desde la Primera Guerra Mundial. No estamos hablando exclusivamente de la transmisión de las grandes fortunas. La herencia de un piso en las ciudades de Madrid o Barcelona puede duplicar en estos momentos la renta de una familia modesta.

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Heredar o no heredar. He ahí una línea que divide el horizonte vital de miles y miles de personas. El futuro heredero contempla ese horizonte con una cierta seguridad y deberá esmerarse para que no haya cambios en el testamento. Hay mucha literatura al respecto. Hay cine. También deberá tener paciencia: la esperanza de vida es cada vez más larga. El que no hereda y el que heredará muy poco acabarán viendo el mundo de otra manera. Padres e hijos fue el título de una celebrada novela del escritor ruso Iván Turguénev publicada en 1862, en un momento de gran efervescencia social y política que trajo consigo una ruptura generacional. Padres e hijos en los años venideros. Escritores, afilen los lápices.

(En homenaje a la literatura rusa, la imagen principal del Penínsulas de esta semana es un delicado retrato del zarevitch Alekséi Nikoláyevich Románov, último heredero del imperio ruso. En su rostro, entre confiado y melancólico, está impresa la dramática historia del siglo XX europeo).

Hemos estudiado el tema con la inestimable ayuda de Santiago Fernández Muñoz, profesor de Geografía Humana en la universidad Carlos III de Madrid. Todo empezó con el resultado de las elecciones europeas de junio del 2024 en Alemania. Todo comenzó con ese mapa electoral de Alemania en el que reaparece el contorno de la antigua República Democrática, ahora tintado de azul, el azul de la extrema derecha, el azul de la AfD. ¿Cuáles son las causas de ese resultado? Las heridas de la reunificación acelerada. Unas heridas que en su día denunció el escritor Günter Grass. Un hondo malestar acumulado. Una cierta nostalgia de las seguridades del pasado. La sensación de seguir siendo alemanes de segunda. El miedo al futuro ante la guerra de Ucrania. La pérdida de fuerza de la industria alemana. La intensa labor propagandística del aparato estatal ruso. (El teniente coronel Vladímir Putin estuvo destinado en la estación del KGB en Dresde, Sajonia, en los años ochenta). Son explicaciones validas, pero faltaba una: las herencias.

En los länder orientales se hereda poco, un 40% menos que en los länder occidentales. La población ahora anciana vivió muchos años desvinculada de la propiedad privada y se encontró con serias dificultades después de la reunificación de Alemania en 1990, cuando cerraron o quebraron la mayoría de las empresas estatales de la RDA. Los hijos de aquella generación apenas heredan. Los boomers de la antigua RFA, en cambio, están heredando los bienes acumulados por sus padres durante los años dorados de la industria germano occidental, bajo la atenta protección de los Estados Unidos. Los herederos del Oeste votan CDU y apoyarán el rearme de Alemania como motor de una nueva política industrial. Los desheredados del Este expresan su resentimiento a través de la AfD, partido de extrema derecha que ahora cuenta con la protección de la presidencia de los Estados Unidos. El mundo se ha vuelto un lugar muy extraño.

Bloque de pisos en Barcelona

Bloque de pisos en Barcelona 

Àlex Garcia

España. En España hay mucha propiedad inmobiliaria y todos los pisos van a dar a la mar que es el morir. Algún día serán heredados. En 2021, el 75,2% de las familias españolas residía en una vivienda en propiedad, porcentaje superior a la media de la Unión Europea (69,9%), y muy por encima de Alemania donde solo el 49% de la población habita en una vivienda propia. La preferencia de los españoles por lo inmobiliario se refleja también en el alto porcentaje de hogares que dispone de segunda residencia, un 36,2%, también muy por encima de Alemania (17,8%) o Francia (24,7%). Otro dato de interés, si tenemos en cuenta solares y propiedades rústicas: el 45% de los hogares españoles posee activos inmobiliarios diferentes a la vivienda principal, otro indicador que se sitúa por encima de la media europea (25%).

España es un país inmobiliario; de propietarios; de multipropietarios cabría decir. Mucho más inmobiliario que las grandes economías europeas. Las familias españolas concentran la gran mayoría de su riqueza en sus viviendas a diferencia de otros países donde la bolsa, los fondos de pensiones y otros instrumentos financieros tienen mayor protagonismo. En España el peso de la vivienda en la riqueza neta total es del 64%, en Francia un 55% y en Alemania un 52%.

Estamos ante una realidad poco conocida que matiza la imagen que todos tenemos de quienes son los ricos y los pobres en Europa. En términos de renta per capita, España se halla todavía lejos de Alemania. Con datos del 2024 tenemos un PIB per capita un 35% por debajo del alemán tras haber recortado la distancia en más de siete puntos desde 2020 gracias al mayor crecimiento la economía española. Sin embargo, la riqueza mediana de los hogares españoles supera con creces a la de países más ricos: en 2008 la mediana de patrimonio neto en España (182.700 euros), triplicaba la de Alemania (51.400 euros en 2010) y aunque esas diferencias se han reducido, las familias españolas están muy encima de las alemanas. De acuerdo con los últimos datos del Banco Central Europeo después de la crisis, la riqueza mediana de las familias españolas es de 119.100 euros frente a los 70.800 euros de las familias alemanas.

La concentración de la riqueza de las familias españolas en el ladrillo las hace vulnerables ante las crisis inmobiliarias. El estallido de la burbuja en 2008 y la fuerte corrección del precio de la vivienda posterior generaron una profundísima crisis cuyas consecuencias todavía sufrimos. La realidad social y política actual en España no se puede explicar sin aquella gran recesión y no conviene olvidarlo.

La España de los últimos 75 años no se puede entender sin la extendida costumbre de las recién formadas familias de adquirir una vivienda a través de dos mecanismos generalmente combinados: un crédito hipotecario temprano, que se acababa de pagar mucho antes de cumplir los sesenta años, y la herencia. La vivienda ha sido el principal y casi único activo de transmisión de riqueza entre generaciones en España desde los años cincuenta y todavía hoy continúa siéndolo, aunque se están produciendo rupturas. Tal y como han destacado el Banco de España y el Banco Central Europeo, España se encuentra entre los países europeos donde las herencias juegan un papel más relevante en la acumulación de riqueza intergeneracional, debido a la alta tasa de propiedad de la vivienda y también, y no es una circunstancia menor, a la costumbre de transmisión patrimonial dentro de la familia. La acumulación de riqueza en los mayores de 65 años seguirá aumentando en los próximos cuarenta años. Vean el siguiente gráfico.

Transmisión de riqueza intergeneracional

Riqueza acumulada por los mayores de 65 años, revalorizada. En miles de euros

450

392

400

+31%

350

300

300

+69%

250

200

177

150

100

50

0

2062

2042

2022

Fuente: “Demografía,

vivienda y brechas de riqueza”,

Fundación Afi Emilio Ontiveros

LA VANGUARDIA

Transmisión de riqueza intergeneracional

Riqueza acumulada por los mayores de 65 años, revalorizada. En miles de euros

450

392

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2062

2022

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Fuente: “Demografía,

vivienda y brechas de riqueza”,

Fundación Afi Emilio Ontiveros

LA VANGUARDIA

Transmisión de riqueza intergeneracional

Riqueza acumulada por los mayores de 65 años, revalorizada. En miles de euros

450

392

400

+31%

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+69%

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2062

2022

2042

Fuente: “Demografía, vivienda y brechas de riqueza”, Fundación Afi Emilio Ontiveros

LA VANGUARDIA

Se suele pasar por alto el importante papel que ha tenido el Estado en la creación de la riqueza inmobiliaria de las familias españolas. Desde 1950, se estima que cerca de 6,8 millones de viviendas, es decir el 35% de las viviendas principales, tuvieron protección oficial, es decir subvención pública para su construcción o para rebajar su precio. La gran mayoría de las VPO se desclasificaron y pasaron a ser propiedad de las familias, un proceso de transferencia de riqueza desde el sector público al que no se ha concedido suficiente relevancia. ¿Cuántas de las familias que ahora dejan en herencia sus viviendas lo hacen después de haber recibido una significativa ayuda pública?

La tradicional forma de acceso a la propiedad de la vivienda se está rompiendo. En 2011 el porcentaje de hogares con vivienda en propiedad llegó a ser del 82,2% y en apenas 14 años hemos pasado a un 75% como consecuencia fundamentalmente de que los jóvenes no están accediendo a la propiedad como lo hacían las generaciones precedentes. La reducción está siendo muy intensa. El porcentaje de hogares propietarios entre los menores de 35 años se ha reducido entre 2011 y 2022 en 37 puntos porcentuales, del 69% al 32%.

Los jóvenes no están accediendo a la propiedad, y por tanto están acumulando menos riqueza que sus ancestros, incrementando la desigualdad entre generaciones de forma muy importante. La gran recesión está pasando factura a toda la sociedad, pero sobre todo a los jóvenes. Durante la crisis financiera, el paro o la precariedad laboral y la caída de la renta les impidieron ahorrar. A ello se unió el fuerte endurecimiento de las condiciones de los créditos hipotecarios, consecuencia de la crisis del sector financiero. Ahora es necesario contar con un fuerte ahorro para iniciar una compra. Las herencias, por tanto, adquieren un altísimo valor. Las herencias se han convertido en el gran factor diferencial. Políticamente estamos regresando a las tensiones de los años treinta. Socialmente podríamos acabar viajando a finales del siglo XIX. Y se está perdiendo otra herencia, la gran herencia de los últimos ochenta años: una Europa protegida y tutelada por los Estados Unidos.

Padres e hijos, afilen los lápices. 

(Este nuevo capítulo de ‘Penínsulas’ ha contado con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, profesor de Geografía Humana en la Universidad Carlos III de Madrid, socio de SILO y antiguo jefe de proyectos de la división de Evaluación de Políticas Públicas de la AIReF.)

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