Han pasado cuatro meses de la trágica dana que causó 227 muertos y decenas de miles de heridos. Sin embargo, el debate sobre la necesaria y urgente reconstrucción de Valencia está completamente sepultado por la tensión política que provocan las diversas versiones sobre la gestión que esa jornada realizaron los responsables de las emergencias valencianas y sobre el papel que tuvieron tanto el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, como el organismo de Emergencias de la Generalitat, el Cecopi, y el Gobierno y las agencias que facilitaban la información de los cauces y meteorológica: la Confederación Hidrográfica del Júcar y la Aemet. Todo el ecosistema político valenciano, con consecuencias directas en la política nacional, está instalado en el bucle del día 29 de octubre a causa de las diversas versiones, y no pocas incógnitas y dudas, que se plantean tanto desde el Consell valenciano como desde el propio Gobierno. Un bucle que está provocando una evidente indignación entre los valencianos, que observan como una guerra de relatos, y la lamentable falta de colaboración entre las instituciones, añade incertidumbre a la ya de por sí difícil situación que afecta a 800.000 personas y, más aún, a los familiares de los muertos. Ayer, además, conocimos los desgarradores testimonios recogidos en el sumario de la jueza de Catarroja, al que ha tenido acceso este diario, y que confirman que la mayoría fallecieron arrollados por el agua entre las 19 h y las
20 h, en garajes, en plantas bajas y en sus coches, mucho antes de que se lanzara la alerta desde el Cecopi. La conclusión es “palmaria”, como declaró la instructora: los fallecidos no fueron avisados de la tragedia que se les venía encima.
La guerra de relatos se centra en las declaraciones ofrecidas el día de la tragedia
Carlos Mazón, coincidiendo con los requerimientos de la instructora de Catarroja, ha relatado en las últimas horas, y cuatro meses después, qué hizo durante aquella fatídica jornada. Su versión, que defiende que jamás ha cambiado, ofrece matices respecto a otras que se habían dado desde la Generalitat Valenciana hace meses. Mantuvo su agenda institucional por la mañana, comió con una periodista en un restaurante valenciano sobre las 15 horas, volvió al Palau de la Generalitat y llegó al Cecopi a las 20.28 h, minutos después de que se lanzara la alerta ES-Alert para avisar a la población de la posible rotura del pantano de Forata. Carlos Mazón argumenta que estuvo permanentemente informado de lo que sucedía, pero hasta el momento solo ha facilitado las llamadas que mantuvo, tras la convocatoria del Cecopi, la primera con la exconsellera Salomé Pradas a las 17.37 h y la última con un miembro de su equipo a las 19.44 h. En noviembre, la Generalitat apuntó que el presidente se desplazó pasadas las 19 horas al organismo de Emergencias, pero el jefe del Palau de la Generalitat excusó ayer que esto no suponía una contradicción a su versión, porque su llegada a Emergencias fue “más tarde de las 19.30 h”.
Carlos Mazón ha dado su versión, pero la oposición le acusa de mentir y exige su dimisión inmediata
La oposición del PSPV y Compromís cree que Mazón miente porque, afirman ambas formaciones, “cambia de versión”, “no lo ha explicado todo”, y exigen que facilite los datos de geolocalización de su teléfono móvil y la lista de llamadas previas a la convocatoria del Cecopi para saber qué hizo entre el final del ágape y su llegada a Emergencias. Piden, también, su dimisión. Es decir, una y otra vez, la polémica sobre la gestión de la dana vuelve a su punto de origen, al día 29, al bucle. En paralelo, Mazón y su vicepresidenta Susana Camarero cargan contra la Confederación Hidrográfica del Júcar y Aemet, a las que acusan, directamente, de no haber ofrecido ese mismo día información suficiente para adoptar las medidas preventivas necesarias; y califican de “mentirosa” a la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, por sus opiniones sobre la presencia del presidente en el Cecopi.
Pasan los días, las semanas, los meses, y todo vuelve de nuevo a esa jornada dramática del día 29. La instrucción de la jueza de Catarroja ha focalizado aún más la mirada en la gestión de todos los responsables en las horas de un día en que, por mucho que se diga, aún no se ha explicado todo. El cruce continuo de acusaciones sobre lo que cada uno hizo en las horas en que se inundaban casi ochenta poblaciones alienta la idea de que la verdad está lejos de saberse, y de que será la justicia, que está actuando de forma contundente, la que en algún momento pueda ordenar unos hechos que siguen copando las portadas de los medios de comunicación. De momento, nada apunta a que el bucle de la dana se vaya a superar, y es probable que durante meses continuemos en esta ceremonia de confusión. Mientras, miles de valencianos intentan recuperar una normalidad que se antoja lejana. Están pagando un precio excesivo por ese bucle en el que se ha instalado la política valenciana.