Existe un curioso comportamiento humano que ayuda a definir el momento político en el que vivimos: observar la reacción de algunas personas cuando, al ser obsequiadas con una nueva chaqueta, sienten un irrefrenable deseo de cambiar todo su vestuario y considerar que las prendas que hasta entonces vestían sin problemas son viejas y pasadas de moda. Este comportamiento, que ya Diderot supo captar en Lamentos por mi vieja bata en 1769, se puede aplicar tanto al campo de los objetos como de las ideas. Ha bastado que una parte de la opinión pública vea con buenos ojos la deportación de los inmigrantes irregulares que defiende Vox para que miles de españoles lo acepten, asuman la nueva receta como buena y empiecen a despojarse de los viejos ropajes ideológicos de la izquierda que en su día defendían, como el apoyo a las leyes de género, las políticas de igualdad o la lucha contra el cambio climático.

Poco a poco, se van perdiendo los viejos ideales para vestirse con nuevas propuestas políticas que, aunque son tan viejas como las otras, son percibidas como novedosas, frescas, desacomplejadas y que están a la moda, llegando al extremo de pasar de defender un europeísmo basado en la eliminación de las fronteras a apelar al regreso de un patriotismo basado en la defensa de la unidad indivisible de España y a señalar al ejército como el pilar fundamental del patriotismo español.
Muchos asumen la exaltación patriótica para no quedar al margen de la moda
Hace un par de semanas, se reunía en Madrid la plataforma Patriots, que preside Santiago Abascal, en la que participan Viktor Orbán y Marine Le Pen, y que tiene como objetivo la recuperación de la soberanía nacional y hacer virar a la Unión Europea hacia una identidad cerrada, propiamente europea, que se defienda de la globalización.
El término patriota está de nuevo asociado a la identidad, al amor a la patria, a la explotación de los mitos nacionales, al enaltecimiento de la defensa militar del territorio cuando debería estarlo a la defensa de las leyes y la democracia. Es un patriotismo capaz de llegar al extremo de volver a las viejas arengas como: “Dulce y honorable es morir por la patria”. Esta exaltación patriótica, que hace unos años era rechazada causando preocupación social, empieza a revelarse entre muchas personas, que la asumen para no quedar al margen de la moda.
En este momento social y cultural al que estamos asistiendo podemos advertir que los partidos tradicionales pretenden asimilar la agenda política de Vox o Aliança Catalana, que les lleva a despojarse de la vieja chaqueta/valores políticos, pensando que podrán mantener el resto de las prendas de su vestuario político.