La curra 150 años

Leonor Moncholí, “la Curra”, es otro personaje de la historia gastronómica valenciana que merece reconocimiento, esta mujer simboliza y da nombre a un restaurante mítico, propiedad de una saga torrentina, dedicada en cuerpo y alma a hacer buena comida para los demás.

La Curra (1920) Miembros de la segunda generación: Quico, Margarita y familiares

La Curra (1920) Miembros de la segunda generación: Quico, Margarita y familiares

José ALba

Los herederos de Joaquín y Leonor vinculan el inicio de actividad en la Venta de la Curra allá por 1870, año arriba, año abajo. Hasta la actualidad serían cinco generaciones las que han vivido o viven de su trabajo en este establecimiento, que hoy en día es mucho más que un restaurante. Comenzó siendo una pequeña casa en un paraje aislado, rodeada de cultivos, donde se vendía vino, se hacía pan en dos hornos de leña, y se daba de comer a los trabajadores del campo y transeúntes. Lugar habitual de tratos entre agricultores, donde el protocolo notarial consistía en estrechar las manos. No hacía falta nada más.

A los tatarabuelos de la familia Alba les sucedieron: Quico y Margarita (bisabuelos); luego Francisco y Asunción (abuelos); y más tarde, otro Francisco Alba, y Adela Martínez, los padres de Francisco, Jesús y José, actuales propietarios. En la Curra trabajan 21 personas entre familiares y empleados de toda la vida. Es un caso de éxito de empresa familiar digno de estudio, porque ha crecido de forma sensata y ha sobrevivido al paso del tiempo y a las eventualidades que suele haber entre las personas con la misma carga genética. Su historia da para un libro que se podría titular: “Cómo gestionar una empresa familiar”.

Casa La Curra con dos carros en la puerta

Casa La Curra con dos carros en la puerta

Jose ALba

Y aquí viene lo más curioso de la Curra. Llevan toda la vida haciendo prácticamente lo mismo. El local abre a las 6:45 de la mañana para dar servicio a los más madrugadores, que trabajan en el campo o en las 400 empresas del polígono Mas del Jutge. Luego ofrecen un almuerzo popular, donde hay que guardar cola frente al paellero, allí está la cocinera abriendo y rellenando barras de pan recién hecho por ellos mismos, con diferentes tipos de tortillas, longanizas, morcillas, cazuelas con pisto, habas, ajos tiernos, pimientos, alcachofas, berenjena, patatas fritas hechas a la lumbre, también puedes elegir entre cosas que preparan al momento en cocina, pero lo normal es llevarse el bocadillo puesto. Vas a la mesa, te sientas y enseguida te sirven la bebida. El comedor es inmenso y está en el lado opuesto de la barra. Para no tener que hacer una maratón diaria, los camareros disponen a mitad de camino de un pequeño office para dar servicio de cafés. Se paga en la barra atravesando todo el local. Es una delicia porque vuelves a pasar por delante del paellero y ves marchando algún guiso, como es el caso del “cordero Adela”, receta de la madre de José. Es una receta de mujer sabia. Se guisan en la paella durante tres largas horas los garrones de cordero con ajo, laurel, cebolla, chorro de brandy, lentamente, para después terminarlos al horno. Es un plato innovador en dos cocciones, que mantienen con orgullo en la cocina.

El martes puchero, por lo tanto fideos y caldo de guardar para preparar arròs al forn (viernes), o el rossejat torrentí; paella de bacalao, coliflor y ajos tiernos; arroz con bogavante, meloso o seco."

Las paellas hechas a leña son el emblema de la casa: valenciana por raciones todos los días. El martes puchero, por lo tanto fideos y caldo de guardar para preparar arròs al forn (viernes), o el rossejat torrentí; paella de bacalao, coliflor y ajos tiernos; arroz con bogavante, meloso o seco.

Paellero de La Curra (1965) Asunción y Adela (tercera y cuarta generación)

Paellero de La Curra (1965) Asunción y Adela (tercera y cuarta generación)

José ALba

Se aprovechan las brasas de la paella para asar carne: entrecottes, chuletas de cordero, pulpo... En entrantes: Las “croquexanas” (exitosas croquetas de Susana AKA “Xana”, la cuñada), l’esgarraet, calamares, sepionet, ensalada valenciana. Más tradicional y sensata no puede ser la oferta.

Donde sí reina la locura y el despliegue de virtuosismo es en el cuarto frío, los postres.

A José Alba lo conocí precisamente en un box durante la celebración de un concurso top de maestros pasteleros en Gastrónoma. Su formación le permite ofrecer desde una bomba de chocolate (coulain), a un sofisticado milhojas, sablé de limón (apple pie), torrijas con “pan perdido” o el excelso flan de huevo que hacen a diario. Deberían probarlo en esta vida.

Son esas cosas de la evolución en empresas familiares, donde el afán de desarrollo personal de sus miembros, ha permitido mantener con orgullo esta gloria histórica de restaurante, y durante los fines de semana ofrecer venta de alta pastelería en un local contiguo. Y si tienen interés por conocer los secretos de la bollería y de la pastelería, no se pierdan los cursos y talleres que organiza mi amigo, José Alba.

El nombre de La Curra le vino a Leonor porque siendo niña se lastimó un dedo, y con ese nombre que en castellano puede sonar inapropiado se quedó: la manca. Sin embargo en valenciano es precioso.

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