El mundo actual se enfrenta a la incertidumbre y a una dinámica de poder cambiante en un orden multilateral disfuncional que se ha mostrado incapaz de llevar a cabo una verdadera reforma; en particular, de las Naciones Unidas y la arquitectura financiera de Bretton Woods representada por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pese a que ha permanecido inalterado, el orden mundial establecido al final de la Segunda Guerra Mundial no está exento de logros. Tal vez el mayor de ellos sea que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han evitado hasta ahora una tercera guerra mundial, tanto durante las décadas de la guerra fría como desde entonces. El mundo actual difiere mucho del existente en 1945. La mayor transformación es el reequilibrio de poder, económico, militar y moral, y los consiguientes cambios en las capacidades y el potencial de los países.
Las últimas ocho décadas han visto pasar el orden mundial desde un mundo bipolar durante la guerra fría hasta una década unipolar en los años noventa del siglo pasado, tras la desintegración de la Unión Soviética. En las dos últimas décadas, el mundo ha entrado en una nueva época en la que el orden mundial se desliza hacia la multipolaridad, por más que los dos principales hegemones, Estados Unidos y China, estén enzarzados en una pugna por la supremacía. El alineamiento en términos de identidad exclusiva y pertenencia a bloques antagónicos es cosa del pasado. El multialineamiento y el alineamiento basado en temas concretos han proporcionado a los países de todo el mundo una oportunidad para diversificar su cartera diplomática y atenuar los riesgos en un mundo en transformación.
Se trata de una evolución en curso que afecta a muchos países que tradicionalmente se han mantenido al margen del orden mundial existente. En el panteón de las potencias emergentes, India está situada en una buena posición para convertirse en un agente importante en la escena mundial, impulsada por una combinación única de crecimiento económico, importancia geoestratégica en la dinámica del Indo-Pacífico y su perfil creciente como voz del Sur Global.
A medida que se expande la influencia de China, India ha adoptado un enfoque de semialianza con países afines, como Estados Unidos, Japón y Australia
Por encima de todo, India despunta rápidamente como un país que combina un rico patrimonio civilizatorio con objetivos modernos como el progreso económico inclusivo, el uso de una infraestructura pública digital eficaz para el empoderamiento social y de género, la lucha contra el cambio climático, la realización de una transición ecológica justa y equitativa, así como el señalamiento del camino hacia un futuro basado en valores para la humanidad.
La esencia de la trayectoria de India como potencia global en ascenso hunde profundas raíces en sus principios de paz, no violencia y la noción de unidad global encapsulada en la expresión en sánscrito vasudhaiva kutumbakam, que significa el mundo es una familia. Este artículo analiza el poder blando de India, su legado histórico, su autonomía estratégica y su trayectoria potencial como superpotencia en el panorama mundial contemporáneo, no en términos de dominación económica y militar, sino de configuración de un orden mundial orientado hacia valores.
Soberanía e integridad territorial
Los objetivos primordiales de India en la escena internacional incluyen la salvaguarda de su soberanía e integridad territorial al tiempo que se promueve un entorno pacífico y estable propiciador de un rápido crecimiento económico. Los valores civilizatorios del país, derivados de las enseñanzas de grandes figuras como Mahatma Gandhi y Buda, constituyen la base de su política exterior. La no violencia sigue siendo fundamental en la visión india; sin embargo, no excluye la necesidad de la defensa y la preparación militar. El enfoque estratégico de India reconoce la necesidad de una sólida capacidad militar como elemento disuasorio de la agresión, lo que refleja la sabiduría legada por Kautilya, coloso indio del arte de gobernar que vivió el siglo IV a.C.
India se enfrenta a importantes desafíos en sus fronteras, especialmente con China y Pakistán. Mantener una defensa fuerte no solo es esencial para la seguridad nacional sino también para permitir el compromiso diplomático y las negociaciones de paz. La última década ha sido testigo de una mejora sin precedentes de las fuerzas armadas indias centrada en la autosuficiencia en la fabricación de armamento, un esfuerzo denominado aatmanirbharta. La integración de tecnología avanzada, una mejor financiación y el énfasis en las capacidades autóctonas posicionan a India para afrontar con eficacia los complejos retos de seguridad.
Defensa y contribución a la paz
El rico contexto histórico proporciona a India una lente a través de la cual puede interpretar su diplomacia de defensa contemporánea. El Mahabharata y el Ramayana ilustran las primeras instancias de diplomacia estratégica y resolución de conflictos, y sentaron las bases de las prácticas diplomáticas modernas. Uno de los primeros ejemplos de la diplomacia de defensa india posterior a la independencia fue el despliegue de la 60.ª Ambulancia de Campaña en la península de Corea entre 1950 y 1954, en una muestra del compromiso con el mantenimiento de la paz.
La corrección de las desigualdades y u crecimiento integrador serán esenciales para la estabilidad social, un factor primordial para un país que aspira al liderazgo mundial
Las importantes contribuciones del país a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas (unos 195.000 soldados en 49 misiones) subrayan su compromiso con la estabilidad mundial. Las fuerzas indias han sido un ejemplo constante de profesionalidad y humanitarismo, a menudo con un gran coste personal. Todo este legado de mantenimiento de la paz refuerza la imagen de India como agente global responsable, potencia su poder blando y, al mismo tiempo, fortalece su posición en materia de seguridad nacional.
La diplomacia de defensa de India va más allá de las simples alianzas militares; fomenta relaciones que contribuyen a la estabilidad regional. Los intercambios de defensa de alto nivel, los ejercicios militares conjuntos y la ayuda humanitaria forman parte integral de su estrategia. Las fuerzas armadas indias han demostrado ser expertas en la prestación de socorro en las catástrofes y asistencia en las crisis, como ponen de manifiesto las operaciones en las Maldivas, Yemen, Ucrania y Sudán del Sur. Esas acciones no solo proyectan las capacidades indias, sino que también crean buena voluntad entre los países, lo cual mejora su posición como referente regional.
Además, la diplomacia de defensa de India es evidente en su compromiso con varios países de la región del Indo-Pacífico. A medida que se expande la influencia de China, India ha adoptado un enfoque de semialianza con países afines, como Estados Unidos, Japón y Australia. Como se ve en los documentos finales del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), esa estrategia de colaboración ayuda a crear opciones de desarrollo para los países del Indo-Pacífico más allá de los atractivos singulares de la financiación fácil y se evitan con ello los riesgos inherentes de la dependencia de un único país o geografía para la infraestructura, la conectividad y la creación de capacidades en todos los sectores. La abrumadora dependencia de China en los últimos años ha suscitado preocupación por la erosión de la autonomía estratégica.
Potencial económico y demográfico
El potencial de India como superpotencia se ve reforzado por su creciente fortaleza económica y su perfil demográfico. Con una población joven y una floreciente clase media, el país posee los recursos necesarios para impulsar la innovación y el crecimiento económico. La pandemia de la covid ha subrayado la resistencia del sistema sanitario indio y la capacidad para responder con rapidez a los retos mundiales. El papel de la India como farmacia del mundo durante la pandemia (sobre todo, en el suministro de vacunas y ayuda médica) ejemplifica su compromiso con la salud y el bienestar globales. India ha demostrado ser un vishwa bandhu (amigo universal) para todos los países del mundo.
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Un militar indio en la frontera de Líbano con Israel, ejemplo de su implicación en la política internacional de la mano de la ONU
Esta trayectoria económica, unida al compromiso con el laicismo y la gobernanza democrática, posiciona a India como un modelo para los países en desarrollo. La interconexión del tejido social indio (compuesto por diversos orígenes étnicos y religiosos) enriquece sus procesos democráticos y convierte el país en un actor único en la escena mundial.
La reciente presidencia india del G-20 ilustra su creciente influencia en la gobernanza mundial. La cumbre del 2023 pretendía abordar cuestiones acuciantes como el cambio climático, la recuperación económica tras la pandemia y las dificultades de la deuda en el Sur Global. Al centrarse en el desarrollo inclusivo y fomentar la cooperación entre países, India pretende redefinir la agenda mundial.
La visión del primer ministro Narendra Modi de una Viksit Bharat 2047 (proyecto India Desarrollada para el 2047) hace hincapié en la importancia de la gobernanza ética para alcanzar el liderazgo mundial. Dicho enfoque basado en valores se alinea con los objetivos del G-20 de promover la igualdad de género, el desarrollo sostenible y la innovación tecnológica. El liderazgo del país en el G-20 le sirve de plataforma para exhibir capacidades y reforzar el compromiso con un orden mundial multipolar basado en la cooperación y los valores compartidos.
Retos de futuro fuera y dentro
Aunque India se encuentra en el umbral de una posición de superpotencia, se enfrenta a importantes retos que debe abordar. Las complejidades de sus relaciones con los países vecinos (en particular, Pakistán y China) exigen maniobras cuidadosas. Las continuas dificultades en torno al terrorismo transfronterizo y las disputas territoriales exigen un enfoque equilibrado de la defensa y la diplomacia.
Además, India debe mejorar sus capacidades estratégicas en el Indo-Pacífico para contrarrestar la creciente asertividad de China. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, considerada por muchos como un cerco estratégico a India, subraya la necesidad de que el país refuerce su presencia marítima y se comprometa con los socios regionales.
La historia de la política exterior india ilustra un entendimiento crucial: que el compromiso global no puede reducirse a opciones binarias o afiliaciones rígidas
En el frente interno, el compromiso con la cohesión social y la equidad económica será fundamental para garantizar que el ascenso como superpotencia sea sostenible e integrador. La corrección de las desigualdades y el fomento de un crecimiento integrador serán esenciales para el mantenimiento de la estabilidad social, un factor primordial para un país que aspira al liderazgo mundial.
Las aspiraciones de India en la escena mundial no son un fenómeno reciente. Los intentos del país por reafirmarse en momentos cruciales, como la guerra de Corea, reflejan un compromiso temprano en los asuntos internacionales. Sin embargo, esos esfuerzos se vieron a menudo dificultados por las tensiones bilaterales, en particular con China, que culminaron en el acuerdo Panchsheel de 1954. La experiencia histórica india con el no alineamiento le ha permitido navegar por paisajes geopolíticos complejos, pero al mismo tiempo el país ha buscado asociaciones militares, como demuestra su tratado estratégico con la Unión Soviética en 1971 y la ayuda militar de Estados Unidos durante el conflicto chino-indio de 1962.
India como tercera opción
Las complejidades históricas de la política exterior india ilustran un entendimiento crucial: que el compromiso global no puede reducirse a opciones binarias o afiliaciones rígidas. En eso India se presenta como una tercera opción y ofrece valores éticos junto a iniciativas de desarrollo tangibles en áreas como las infraestructuras, la energía solar y la conectividad regional. Las crisis a las que se enfrenta hoy el mundo, desde el cambio climático hasta la disparidad económica, son retos universales que requieren un enfoque colaborativo y basado en valores.
El primer ministro Narendra Modi articuló esta visión durante el acto de presentación de la Coalición a favor de Infraestructuras Resistentes a las Catástrofes (CDRI). Modi subrayó la necesidad de un enfoque integral que englobe la educación, los valores sobre estilo de vida y las filosofías del desarrollo. Dicho enfoque refleja la agenda más amplia de India de promover un movimiento popular global dirigido a fomentar el cambio de comportamiento: la transformación a partir de una actitud de “necesidad” y no de “codicia”. Semejante cambio de paradigma es esencial para abordar los acuciantes desafíos de nuestro tiempo.
Los relatos históricos y culturales de India, como los que se hayan en el 'Ramayana' y el 'Mahabharata', son componentes esenciales de su identidad global y su visión estratégica
La presidencia india del G-20, sin ser una panacea para todos los problemas mundiales, representa una plataforma para el diálogo progresivo y las soluciones. Pone de relieve el potencial de India para conciliar las contradicciones en el seno de la comunidad mundial y promover enfoques innovadores a problemas duraderos. El foro del G-20, pese a sus imperfecciones, ofrece una oportunidad única para que India comparta sus valores de satya (verdad) y ahimsa (no violencia), abogando con ello por una nueva brújula moral en las relaciones internacionales.
Racionalidad y ética
Al debatir el papel global de India, resulta esencial diferenciar entre racionalidad y ética. La racionalidad suele referirse a la lógica y la razón, que se ven moldeadas por experiencias históricas, intereses nacionales y contextos culturales. Sin embargo, a veces puede conducir a unos razonamientos desprovistos de consideraciones éticas. Esa insensibilidad es evidente en las depredaciones históricas del colonialismo y en desafíos contemporáneos como el terrorismo y la agresión entre estados.
La ética, por el contrario, se basa en principios morales que rigen el comportamiento y que ofrecen un marco más amplio para entender el bien y el mal.
Las enseñanzas religiosas y filosóficas, como las que se encuentran en las grandes epopeyas de India (el Ramayana y el Mahabharata) proporcionan directrices éticas para la gobernanza, la política y la diplomacia. En este sentido, los relatos históricos y culturales de India constituyen componentes esenciales de su identidad global y su visión estratégica.
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Las tensiones militares son constantes en la frontera entre India y Pakistán, dos estados con armas nucleares en su arsenal. Las disputas territoriales incluyen, además, a China
Las Naciones Unidas fueron concebidas para proporcionar un marco ético común a las relaciones internacionales. Sin embargo, el actual estado disfuncional de la organización refleja los desafíos de las rivalidades entre las grandes potencias y pone en entredicho la legitimidad de su autoridad. Los miembros permanentes del Consejo de Seguridad monopolizan a menudo el poder, lo cual genera dudas éticas sobre la equidad de dicho sistema. Además, la exigencia de universalismo en la gobernanza debe reconocer los contextos históricos únicos de los distintos países para evitar la imposición a todos de un enfoque único.
Durante su presidencia del G-20, India aprovechó la oportunidad para abogar por una brújula moral basada en principios éticos, aspirando a un mundo libre de guerras y conflictos. Su rico tapiz histórico, a menudo tergiversado u omitido, desempeña un papel fundamental en dicha visión. Bajo la dirección del primer ministro Modi, existe un renovado reconocimiento de las contribuciones históricas de India a la filosofía, la espiritualidad y la gobernanza.
Herencia filosófica
La herencia filosófica de India, en particular las enseñanzas del vedanta, conforma profundamente su cultura estratégica. El vedanta fomenta una visión de interconexión y resistencia, y promueve una identidad compuesta que trasciende las divisiones sectarias. El concepto de swarajya (autogobierno) se alinea con ideologías modernas como la aatmanirbhar Bharat (India autosuficiente), que aboga por la independencia al tiempo que reconoce la interconexión del desarrollo global.
Se trata de un marco que fomenta un enfoque diplomático menos transaccional y más basado en los valores. La idea de sarvodaya (bienestar para todos) resuena en la política exterior india y se hace eco de la creencia de Mahatma Gandhi según la cual el progreso de India debía contribuir al bienestar global. La afirmación del primer ministro Modi de que “Cuando India crece, el mundo crece” plasma este ethos, y refleja un compromiso con el desarrollo mutuo y la prosperidad compartida.
India mantiene una fuerte relación con EE.UU. con los acuerdos de cooperación militar y estrategia vigentes, pero no ha establecido una alianza o tratado de asociación
La dimensión ética de la política exterior se extiende a la estrategia militar. El Bhagavad Gita, un texto central del vedanta, configura la concepción india de la guerra justa y hace hincapié en la rectitud en la acción. Ese enfoque filosófico permite a India participar en conflictos militares solo cuando sea necesario para la defensa del dharma (orden moral). Dicho principio ha guiado las respuestas indias a las amenazas a la seguridad y también su postura comedida ante agresiones que violan su integridad territorial.
Además, el valor del deber hacia la patria (un principio fundamental de la filosofía india) da forma a muchas de las políticas nacionales. El compromiso con la gobernanza ética es evidente en las respuestas humanitarias proactivas en la región, prestando ayuda y asistencia sin buscar reciprocidad. A través de iniciativas como la política del “vecindario primero”, India ha demostrado sistemáticamente su dedicación a la estabilidad y la cooperación regionales.
Puentes en lugar de barreras
La atención prestada a la mejora de la conectividad en el sur de Asia y más allá de la región ilustra el compromiso con el desarrollo colaborativo. La iniciativa BBIN (Bangladesh, Bután, India, Nepal) y la BIMSTEC (Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial) reflejan el deseo de construir puentes en lugar de barreras entre los países vecinos.
El enfoque indio de la conectividad regional forma parte integral de unos objetivos estratégicos más amplios. Al fomentar los lazos económicos, India pretende crear un entorno propicio para la paz y la seguridad. Además, la política del Actuar hacia el Este subraya su intención de fortalecer las relaciones con los países del Sudeste Asiático, promoviendo una mayor cooperación y beneficio mutuo.
A pesar de los desafíos que plantea el terrorismo con respaldo estatal (especialmente, desde Pakistán), los esfuerzos diplomáticos de India siguen siendo firmes. Sus relaciones con países como Bután, Bangladesh y Birmania demuestran el compromiso en favor del fomento de la confianza y la cooperación en una región caracterizada por una dinámica política compleja.
India está dispuesta, mucho más que antes, a asumir riesgos. es capaz de salvar la brecha política entre Oriente y Occidente, así como el abismo económico entre el Norte y el Sur global
India explora hoy todo el ámbito de su autonomía estratégica llevada por sus intereses nacionales, al igual que todos los demás países. Aboga firmemente por un mundo multipolar en el que la Unión Europea, Japón, India e incluso Rusia se consideren polos, además de Estados Unidos y China. En Asia, está estrechando lazos con Japón para crear dos contrafuertes sólidos en un espacio disputado donde se considera que Estados Unidos proporciona estabilidad frente a una creciente hegemonía.
India mantiene una fuerte relación con Estados Unidos, y tiene vigentes todos los acuerdos fundacionales para fomentar la cooperación militar y estratégica. Sin embargo, no ha establecido una alianza o tratado de asociación. Por su parte, cabe esperar que Estados Unidos siga teniendo otros intereses regionales e internacionales.
Históricamente, ha tenido diferencias con diversos socios estratégicos como Francia en el contexto de la OTAN, Arabia Saudí tras el asesinato de Jamal Khashoggi, Turquía por el acuerdo de ese país con Rusia en relación con el sistema de defensa antimisiles S-400 e Israel por la crisis de Suez en el pasado, luego la cuestión de los colonos en Cisjordania y, más recientemente, la guerra de Gaza.
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La relación de India y EE.UU. es profunda pero sin tejer alianzas formales a la espera de los efectos de la vuelta de Trump a la Casa Blanca
Japón también ha estado en el punto de mira de Estados Unidos en relación con cuestiones que van desde sus políticas comerciales y económicas en los años ochenta y noventa hasta el hecho de no garantizar adecuadamente su propia seguridad bajo el paraguas estadounidense.
Del mismo modo, India y Estados Unidos también tienen algunas diferencias en lo que respecta a las relaciones de la primera con Rusia, la política estadounidense hacia Pakistán y la percepción de injerencia estadounidense en los asuntos internos indios. Estados Unidos ha gestionado bien esas diferencias, sin permitir que no afecten las asociaciones estratégicas que mantiene con dichos países. A veces, esos intereses se imponen a los intereses que Estados Unidos pueda tener en colaborar con India en un asunto concreto. A menudo, Estados Unidos exige el reconocimiento de su posición excepcional tanto a amigos como a enemigos. Es algo evidente en su gestión de las operaciones de libertad de navegación (Fonop). La lista de países contra cuyas reivindicaciones marítimas Estados Unidos lleva a cabo Fonop incluye a algunos socios y amigos muy cercanos, como Filipinas, con el que mantiene una alianza basada en un tratado. La lista también incluye a Indonesia, un país que está en condiciones de ser cortejado por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean); y, lo que es más revelador, un socio estratégico como India también se encuentra en la lista.
Entre Oriente y Occidente
India está dispuesta, mucho más que antes, a asumir riesgos. Es capaz de salvar la brecha política entre Oriente y Occidente, así como el abismo económico entre el Norte Global y el Sur Global. Sus buenos lazos le permiten desempeñar el papel de intermediario de Rusia y Ucrania. La autonomía estratégica de India en política exterior ha facilitado esa transición. No cabe duda de que es esa voluntad de ayudar a preservar la paz y promover el desarrollo sin motivos egoístas lo que ha aumentado su credibilidad en la escena mundial. La atención global se centra hoy en las cautelosas palabras del primer ministro Modi de que “ahora no es la época de la guerra” y que “las soluciones a los conflictos no pueden encontrarse en el campo de batalla”. Si no fuera por el hecho de que las guerras de hoy en día son a menudo conflictos indirectos en los que participan otras grandes potencias, India habría podido desempeñar un papel mucho más importante en los esfuerzos por restablecer la paz.
En un mundo marcado por la incertidumbre y retos acuciantes como el cambio climático, los conflictos y la desigualdad, India está preparada para ofrecer un nuevo modelo de compromiso global, un modelo impregnado de los valores de la verdad, la no violencia y el progreso colectivo. La síntesis del legado histórico, la riqueza filosófica y las aspiraciones contemporáneas de India forman un relato convincente para un futuro en el que la condición de superpotencia no se mida solo por el poderío económico sino por la capacidad de defender la gobernanza ética y el desarrollo sostenible.
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Mapa político de la India
A través de su presidencia del G-20 y de las iniciativas diplomáticas en curso, India está bien posicionada para encabezar un movimiento global basado en valores éticos y en el desarrollo centrado en el ser humano. Los principios del vasudhaiva kutumbakam y el legado histórico de India en el mantenimiento de la paz la sitúan en una posición única en la escena mundial. Aprovechando sus ventajas demográficas, mejorando sus capacidades de defensa y promoviendo un crecimiento integrador, India puede desarrollar todo su potencial como líder mundial. Al tiempo que se esfuerza por convertirse en un país desarrollado en el 2047, su viaje será observado de cerca porque ofrece valiosas lecciones sobre el papel de los valores en la configuración de un nuevo orden mundial.
El énfasis en un marco basado en valores es esencialmente un énfasis en la paz, la cooperación y el respeto mutuo. Aprovechando su sabiduría histórica, su riqueza cultural y sus capacidades estratégicas, India está preparada para erigirse como país puntero en la configuración de un futuro que dé prioridad al bienestar colectivo y la prosperidad compartida. Conforme avanza por ese camino, posee el potencial de redefinir lo que significa ser una superpotencia en el siglo XXI: una superpotencia que representa tanto valores y ética como fuerza e influencia. El futuro de la cooperación mundial dependerá de que los países abracen estos principios y promuevan un mundo en el que los ideales de verdad y no violencia guíen la toma de decisiones. El viaje de India para convertirse en una superpotencia no es una mera búsqueda de poder, sino una misión para servir de inspiración en la consecución de un mundo más armonioso e interconectado.
Sujan Chinoy es antiguo embajador de India en Japón y especialista en China y cuestiones político-militares. Actualmente es director general del Instituto Manohar Parrikar de Estudios y Análisis de Defensa (MP-IDSA). Fue presidente de Think-20 durante la presidencia india del G-20. (Las opiniones expresadas son personales.)