En la estación noruega de Jaren, 70 kilómetros al norte de Oslo, hasta hace muy poco había una empleada de la compañía ferroviaria que seguía trabajando igual que cuando entró en la empresa hace más de treinta años y que sus predecesores desde 1950. Tras realizar la protocolaria llamada telefónica a la siguiente estación, abandonaba su cálido escritorio de madera y salía al gélido andén con la bandera a dar luz verde al maquinista para que continuase su trayecto. Desde hace apenas cien días, el tren cierra sus puertas cuando se lo indica el sistema que lleva en cabina y retoma la marcha sin esperar ninguna señal de alguien vestido con uniforme.
El ferrocarril noruego ha dado el salto a la digitalización con un sistema de señalización moderno que ha convertido de la noche a la mañana ese escritorio de madera de la estación en una reliquia. El obsoleto sistema de relés que se sustentaba en una enorme habitación contigua llena de cables también ha sido desmantelado. Todo ha pasado a estar en la nube, digitalizado y monitorizado desde un centro de control desarrollado por Siemens Mobility junto al administrador de infraestructuras noruego, Bane Nor.

Antiguo sistema de señalización ferroviaria en la estación noruega de Jared
Desde ese nuevo lugar instalado en Oslo aspiran a controlar los 4.169 kilómetros de vías y 375 estaciones repartidas por todo el país bajo la premisa “un país, una interconexión”. Eso incluye todo el ferrocarril, así como el metro de Oslo, en un proyecto que prepara el suburbano –que en esta ciudad nórdica hace gran parte del recorrido al aire libre– para la automatización en el futuro y unifica la señalización en un único proveedor.
La llegada a ese escenario final requerirá una inversión de más de 32.000 millones de euros entre el 2018 y el 2029 y aún harán falta unos cuantos años más de trabajo. Aun así, la transformación ha empezado, como queda claro en la estación de Jaren y el resto de la línea Gjovik. Las señales físicas han desaparecido del trazado una vez se ha instalado el sistema de señalización digital estandarizado de gestión de tráfico ferroviario europeo, el ERTMS, en su nivel 2, el más avanzado del sector. “El paso de tenerlo en una línea a trasladarlo al transporte masivo convierte a Noruega en el país con la infraestructura más moderna de Europa”, celebra Agustín Escobar, consejero delegado de infraestructura ferroviaria en Siemens Mobility.
Los maquinistas que mueven los trenes de la línea Gjovik han pasado a tener toda la información a bordo y el gestor de infraestructuras dispone de un control centralizado y en tiempo real del servicio. Desde sus pantallas observan la posición y velocidad de los convoyes como puntitos moviéndose.
Un sistema de balizas y comunicación virtual sustituyen el obsoleto bloqueo telefónico desde este año
La gestión a distancia mediante comunicación IP lo hacen posible las cerca de 400 balizas instaladas en un tramo de 67 kilómetros que bordea un paisaje tan bucólico para el extranjero como complejo para el maquinista. “Las granjas con animales que hay a los lados y los pasos a niveles añaden una incertidumbre que con el nuevo sistema te hace sentir más seguro”, reconoce Stein Meader, uno de los maquinistas de Vy, la operadora pública estatal. Al principio, el colectivo de trabajadores era reacio al cambio, ahora incluso lo defienden públicamente.
Lo mismo sucede con los controladores de tráfico de las estaciones, que en el 2020 eran 373, hoy se han reducido a la mitad y el objetivo es que en el 2030 con 35 de ellos en el centro de control ya sea suficiente. No han sido despedidos, sino que han pasado a realizar otras tareas más provechosas.
La evolución ha traído mejoras de seguridad, puntualidad y capacidad en la línea ferroviaria actualizada
Los viajeros también se han visto beneficiados, ya que los sistemas de señalización y telecomunicaciones antiguos estaban detrás del 40% de los retrasos en esa línea. “La seguridad, la puntualidad y la capacidad son tres cuestiones fundamentales que mejoran con el nuevo sistema”, valora Sverre Kjenne, responsable tecnológico de Bane Nor que trabaja codo a codo con Siemens Mobility en el campus de pruebas que han abierto en Nyland, a las afueras de Oslo, donde se testea la tecnología ERTMS que se pretende desplegar en todo el país y que a la larga debe ser el estándar ferroviario europeo.