Podríamos decir que la Acadèmia del Cinema Català empezó fuerte encumbrando El cant dels ocells (2008), de Albert Serra, una película radical de culto reducido, en la primera edición de los premios Gaudí, cuando apenas eran 46 los académicos que votaban, y que, ahora que la entidad que preside Judith Colell suma más de 600 profesionales –entre los que solo caben siete críticos cinematográficos–, se ha acabado plegando al gusto mayoritario, encumbrando la película hablada en catalán más vista de los últimos cuarenta años: El 47, de Marcel Barrena, ganadora del Gaudí a la mejor película y otras siete estatuillas, pero estaríamos faltando a la verdad.
Pa negre (2010), la tan valorada como taquillera adaptación del clásico de Emili Teixidor a cargo del añorado Agustí Villaronga, barrió con catorce Gaudís. Alcarràs (2022), que duplicó en la taquilla estatal los espectadores de Estiu 1993 (2017), volvió a sumar mejor película y dirección, el mismo año en el que Pacifiction (2022), del tan prestigioso Albert Serra, fue la mejor película en lengua no catalana. En los Gaudí, como en otras fiestas del cine, siempre se ha tratado de mantener un equilibrio entre la calidad contrastada y los datos que dan de comer a la industria, que es la que vota.

Carlos Cuevas felicita a Eduard Fernández después de que recibiera el Premi Gaudí a mejor actor por su actuación en 'El 47'
No es que ‘El 47’ y ‘Casa en flames’ sean malas películas, pero tampoco son excelentes
No es que El 47 y Casa en flames sean malas películas, pero tampoco son excelentes. En la primera destacan el acento extremeño y la convicción con la que Eduard Fernández aborda el personaje de Manolo Vital, así como la ambientación histórica, minimalista, pero evocadora. Pero no mucho más. Incluso se podría decir que la pretendida exaltación de la lucha vecinal queda eclipsada por el solitario camino del héroe, que sería justo lo contrario. La película de Dani de la Orden es más glamurosa, pero sufre de un desequilibrio entre los personajes masculinos y los femeninos: los primeros están peor dibujados. Eso, por supuesto, es la opinión de un solo crítico. Luego están los 600 académicos y el millón de espectadores que podrían llegar a superar entre las dos con el empujón de los galardones, que también están para eso.
El Palmarés
Mejor película: El 47, de Marcel Barrena
Mejor película en lengua no catalana: Polvo serán, de Carlos Marques-Marcet
Mejor dirección: Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez por Segundo premio
Mejor protagonista femenina: Emma Vilarasau, por Casa en flames
Mejor protagonista masculino: Eduard Fernández, por El 47
Mejor actriz secundaria: Clara Segura, por El 47
Mejor actor secundario: Enric Auquer, por Casa en flames
Mejor interpretación revelación: Laura Weissmahr, por Salve Maria
Mejor película europea: Anatomía de una caída, de Justine Triet
Mejor documental: Diari de la meva sextorsió, de Patricia Franquesa
Mejor película de animación: Mariposas negras, de David Baute
Lo importante, sin embargo, está en los malabarismos efectuados por los votantes de la Acadèmia para que la foto final del cine catalán no se conformara con adecuarse a lo que dejaban prever las nominaciones –lideradas por el récord de El 47, con 18 candidaturas, seguida de Casa en flames, con 14–, dejando espacio para Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, antibiopic de Los Planetas que, aunque parezca granadina, es la mejor película catalana del año, de nuevo en opinión de este crítico.
No menos destacable ha sido que la Acadèmia no dejara de lado a sus dos hijos pródigos, Mar Coll y Carlos Marques-Marcet, duramente castigados en la taquilla por aventurarse con temas muy complicados –como son una peligrosa obsesión por el filicidio y el acompañamiento en la muerte digna, llevado a lo más extremo– a partir de sendas puestas en escena que derrochan brío, osadía, originalidad, inteligencia, estilo, amén de estupendas interpretaciones.

Los directores Marcel Barrena (i) y Dani de la Orden durante la XVII edición de los Premios Gaudí de la Academia del Cine Catalán.
La nota más triste de la velada es haber descuidado Los pequeños amores, de Celia Rico, y Los destellos, de Pilar Palomero, dos preciosas películas sobre los cuidados. Pero, como se suele decir, todo no se puede, y hay que celebrar que nuestro cine haya hecho gala de su riqueza y su diversidad, en vez de quedarse solo con los números.
Para funcionar, toda industria cinematográfica necesita el motor de un autobús, pero no puede dejar de cultivar el riesgo, la diversidad y la innovación, que constituyen su auténtica gasolina, y la única promesa de futuro.